EL DÍA ES UN ATENTADO
 

“En 1940, Roberto Matta escribió: “Si se quiere medir el tiempo, la verdadera medida es el día, no el día de veinticuatro horas, sino el día como atentado, como amenaza, como riesgo. El mundo te propone y te expone. Es con la accidentalidad que uno toma conciencia. Todo individuo, toda vida humana es una apuesta con su sí, consigo mismo, con el mundo”.

El día es un atentado reflexiona sobre el complejo exhibitorio en la contemporaneidad. En una sociedad donde el lugar de la mirada está llegando a límites insospechados y siempre fantaseados, Nicolás Martella juega a ser un hacker visual. Es una exposición que trabaja, ante todo, sobre su dimensión de escrutinio en la escena del arte.

El parpadeo es también un atentado. Este trabajo es asimismo una investigación artística sobre el dispositivo fotográfico. Martella dedicó meses a confeccionar un archivo de imágenes tomadas del continuo del registro de múltiples cámaras de seguridad que dejan ver ciertos aspectos de nuestro comportamiento. Son tomas de varios países del mundo manipuladas desde la computadora de su casa. A la manera de un fotógrafo clásico, en un “disparo” (captura de pantalla) toma un fragmento de lo que sucede, encuadrando con el dispositivo de seguridad para apresar, en un parpadeo, un acontecer, un posible argumento. El resultado es un conjunto de escenas diversas: algunas alusivas a imágenes de la fotográfica canónica; otras, tomas insólitas o sucesos aparentemente insuficientes, como una pareja sacándose selfies en la playa, un proyector demasiado cerca del techo, y la enumeración podría continuar. De pequeño tamaño, estas capturas están enmarcadas individualmente o agrupadas de tal modo que recuerdan una grilla de monitores de seguridad con leves diferencias de tamaño. Cada recuadro tensiona la agilidad del acto de mirar.

La transparencia también es un atentado. Un estante y una estructura de metal son los muebles que Martella y el curador, Leandro Martínez Depietri, emplazaron como parte del diseño de montaje. Sobre ellos se ubican la gran mayoría de las piezas, salvo algunas colgadas en la pared.
El estante emula la disposición doméstica de mostración de imágenes con intenciones de rememoración que configuran una individualidad. La estructura de metal, por su parte, es una grilla abierta además de un display, que habilita la circulación de la mirada sobre el espacio, el comportamiento de los otros visitantes, la exhibición.

El mercado también es un atentado. Sobre el ángulo que funciona a manera de “museo de sitio” en la galería, entre un portón y la ventana, entre el espacio de la muestra y la oficina de trabajo de una galería de arte contemporáneo, se dispuso
una pieza de gran tamaño sobre el piso. Es la única fotografía tomada por Martella bajo los parámetros tradicionales, que muestra tres cámaras de seguridad en una vista cuasi frontal. Si las exposiciones que han tenido lugar a lo largo de este año en Isla Flotante han tramado diversas propuestas a partir de la ubicación del espacio en el complejo Distrito de la Artes, en términos de profesionalización del trabajo artístico, urdimbres históricas y procesos de gentrificación, El día es un atentado opera como hacker, como espía, como acto guerrillero al entrar en el espacio de la galería, señalar un elemento edilicio mediante el diseño de montaje y potenciar las dimensiones del mirar y ser mirado, del controlar y ser controlado, del saber comportarse y esperar el comportamiento acorde de otros agentes de la escena del arte contemporáneo. El complejo exhibitorio —según palabras de Tony Bennett— perfeccionó un sistema de automonitoreo de la mirada en el que las posiciones del sujeto y el objeto funcionan de manera intercambiable, en donde se autorregula a fuerza de interiorizar la vista ideal y ordenada de uno mismo como si fuera visto desde un punto de vista controlador del capital. Martella señala el juego entre mercado y producción artística y la dinámica que entablan agentes interesados hacia lo que se sigue entendiendo como “arte”.

 

Nicolás Martella, El día es un atentado, curaduría de Leandro Martínez Dipietri, Isla Flotante, Buenos Aires, 30 de julio – 10 de septiembre de 2016.

 

 

SEBASTIÁN VIDAL MACKINSON

REVISTA OTRA PARTE